Viviendo al borde

Parado en la esquina de la 95 y Broadway, tuve una ocasión impecable para ver los rostros de la multitud. Me encanta visto que Nueva York brinda una perspectiva de la multitud de todo el planeta. Intenté contar cuántos países diferentes estaban representados por la multitud que subía del metro, cuando me percaté de que no importaba de dónde venían estas personas, habían asumido el New York Face: nadie sonreía. La multitud no aparentaba feliz. Dejé de contar países para comenzar a contar sonrisas. Las únicas personas que sonreían o reían eran los jovenes. Había sonrisas de pura alegría. Hubo sonrisas de agrado. Vi carcajadas, risas en el vientre, risas y risitas. Los jovenes eran los únicos que parecían humanos. Justo cuando comencé a reírme con alegría al notar, vi un espejo de mi pasado cuando dos padres estaban peleando con un pequeño gritando. Los jovenes tienen la posibilidad de ser los únicos que se ríen, pero precisamente eran los únicos que poseían rabietas. Era esperable que tanta gente decida dejar de reírse: las emociones crudas tienen un precio. Cuando estamos lo bastante libres como para expresar de todo corazón nuestra alegría, por lo general debemos lidiar con la tristeza y la furia crudas. Para vivir con la independencia de reír con tal abandono, debemos vivir al límite, justo donde todas nuestras emociones brotan y brotan, risas y cólera, felicidad y tristeza. Sospecho que la mayor parte de los neoyorquinos ya sienten que viven al límite de la desaparición, y asfixian sus sonrisas para evadir desquitarse con su furia. Rubén, el Bechor -Primer Nacido- de Jacob y Lea, vivía al límite. El Talmud (Bava Batra 126b) nos enseña que un Bechor tiene dones especiales: Una vez hubo un hombre que vino antes que el Rabino Chaninah y le ha dicho al sabio:”Estoy convencido de que este sujeto es el primogénito de su padre”, el rabino Chaninah le dijo:”¿De dónde lo sabes? Los primogénitos tienen un enorme poder, pero además son susceptibles al robo, al odio y al resentimiento. (Yalkut Shimoni, Vayechi #157) Reuben vivió este conflicto: movió la cama de Jacob para evadir que engendrara más hijos y diluyera todavía más la herencia de Rubén. (Ramban, Génesis 35:22) Le gustaba el dinero. No obstante, además tuvo precaución de no quitar “, fue a lo largo de la cosecha y descubrió mandrágoras que crecían salvajemente en un campo,” no quiso tomar nada de la propiedad ajena. Sólo coleccionaba flores silvestres para su madre. El Alshich dice que Reuben tuvo la intención de que las flores ayudaran a Leah a atraer a su marido y ofrecer a luz más hijos! Rubén era impetuoso (Génesis 49:3-4), bastante para que Jacob temiera que si era reprendido por su padre, se apartaría de Jacob y se uniría a Eisav. (Rashi, Deuteronomio 1:3) Rubén movió impetuosamente su cama de manera directa frente a la tienda de Bilhah para incomodar a su padre (Ha’ amek Davar) y no obstante planeó recomponer su pecado salvando a José. Rubén vivió al límite de la excelencia y del terrible mal. No obstante, no asumió la cara de Nueva York; prosperó donde se encontraba, aprendiendo a derivar la excelencia de su proposito difícil de cumplir. ¿Cómo se vería Reuben al subir del metro? O se reía o gritaba, pero precisamente jamás sería neutral. Biografía del autor: Aprende y revela las profecías divinas con el rabino Simcha Weinberg de la sagrada Torah, la ley judía, el misticismo, la Kabbalah y las profecías judías. La Piedra de la Fundación es el recurso primordial para los judíos, el judaísmo, la educación judía, la espiritualidad judía y la sagrada Torah.

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