Thomas Merton y la Tecnología

Los pensamientos de Thomas Merton sobre el encontronazo de la tecnología en la sociedad occidental están tan bien documentados que hasta el lector ocasional de Merton puede estar familiarizado con ellos. En numerosas cartas, libros y ensayos, Merton dijo que la dependencia de la tecnología en el occidente se encontraba interfiriendo con la capacidad del fiel para ingresar en un estado de pensamiento contemplativo. Merton sintió tan poderosamente sobre esto, de hecho, que era una de las fuerzas motrices que condujeron al místico a investigar más lejos las religiones del este. Sabiendo esto, puede sorprender a algunos estudiar que la posición de Merton no era que la tecnología actualizada debiera ser eliminada, sino que los humanos debieran estudiar a vivir con la tecnología en humildad. Por otro lado, esto no era algo que Merton pensó que ocurriría si la raza humana continuara en su sendero de hoy. Si uno está intentando encontrar una recopilación completa de los pensamientos de Thomas Merton en relación a este tema, entonces no puede buscar más allá de la obra publicada en 1968 “Conjectures of a Gu guilty Bystander” (Confecciones de un espectador culpable) Es aquí donde el lector va a encontrar la controversia más creada y articulada de Merton sobre el inconveniente de la tecnología. Para Thomas Merton, la tecnología en sí no es el inconveniente. Lo que es más angustioso, redacta el místico, es la manera en que los humanos han sostenido el avance tecnológico como una clase de cura para todos. Al creer que la tecnología es “el avance más prominente del hombre”, Merton piensa que la sociedad occidental está pasando por prominente un inconveniente considerable. Tan milagroso y espectacular como el avance tecnológico, no posee ningún valor si la multitud que avanza a pasos agigantados no está lista para manejarlos. A Merton le preocupa que el continuo avance tecnológico resulte en ofrecer bastante poder a una sociedad frustrada y egomaníaca. En este sentido, la tecnología se transforma en otro gadget bastante más de nuestra desintegración, redacta Merton, que hace irrealizable la vida contemplativa. Al sostener el avance tecnológico como una panacea, Thomas Merton piensa que la civilización occidental lo convirtió en una muleta con la que la multitud transporta su historia. Merton detalla esta forma de vivir como una clase de niñez moral, donde uno convirtió la tecnología en una clase de cuasi naturaleza, convirtiéndola en la fuente de su vida. Merton repudia la iniciativa de que el avance tecnológico siempre equivale a una optimización humana, afirmando que esta creencia aleja a los humanos de la verdad, obstaculizando su aptitud de ingresar en un estado contemplativo que puede conducir a una unión mística con Dios. Es en esta división de Dios, redacta Merton, que creamos para nosotros el ídolo del consumo, separándonos todavía bastante más de lo real. Thomas Merton redacta que, en vez de seguir en la iniciativa de que la tecnología lleva a la alegría, los humanos tienen que tener un verdadero aprecio y respeto por el planeta que Dios les dió. Este reconocimiento, redacta Merton, facilita un sentido de conciencia contemplativa en el fiel que no puede ser alcanzado por la alienación de uno mismo por medio de la veneración de la tecnología. Al aceptar a Dios, y su lugar como el constructor legítimo de todo lo que es, se puede decir que el fiel está más cerca de una relación mística con Dios. Merton advierte que el no continuar este sendero puede conducir a un falso sentido del humanismo, que no inspira nada más que odio por todos los puntos de la construcción, rompiendo la relación mística que el fiel tiene con Dios en un nivel cada vez más grande. Uno puede hallar varios de los pensamientos últimos de Thomas Merton sobre tecnología en un artículo escrito para la “revista central” sólo cinco meses antes de su muerte. En este sentido, Merton habla de lo que él llama la “patología de la contradicción”, que actúa en la devastación de la naturaleza y en la creación de la tecnología. Esta patología, cree Merton, tiene sus raíces en nuestra naturaleza judeocristiana, que, a un nivel inconsciente, busca activamente eliminar algún ocasión de una unión mística con Dios demoliendo su creación. Es en nuestra naturaleza apartarnos de Dios, y distraernos de la contemplación

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