Siete señales de advertencia – ¿Su organización se está convirtiendo en un culto?

Todos recordamos la catástrofe de Jim Jones, que terminó de una conjunción mortal: un jefe carismático que sabía cómo influenciar y vigilar a la multitud, y seguidores de intención débil que no podían discriminar entre la verdad y la ficción. En los estrechos confines de una secta, la racionalidad sale por la ventana. La autoridad, que en varios casos es un jefe convincente, convenció a su rebaño de que algún persona fuera de su grupo, o de otra religión, o de un partido político diferente está designado al infierno y es el enemigo. Los integrantes del culto reforzarán este sentimiento de aislamiento por medio de el ostracismo o condenando a algún fan que no esté en concordancia de todo corazón con el jefe, inclusive, quizás, aceptando las normas del jefe de matar a sus teóricos contrincantes como en la situacion de las guerras religiosas, o quizás inclusive de suicidarse como en la situacion de Jim Jones. Estas son las primeras dos advertencias de observación de que su organización puede estar en riesgo de transformarse en un culto; liderazgo carismático (ventas), y seguidores que son complacientes, confiados y con pretenciones desesperadas de espiritualidad. Ya que los débiles seguidores voluntariosos son de forma sencilla lavados el cerebro para creer que son particulares y preferidos de Dios, y los únicos a quienes se les dió la salvación, insistirán ferozmente que ellos solos han encontrado la realidad y que todos fuera de su grupo están confundidos y entonces son peligrosos para el grupo. Por eso un culto jamás se reconoce a sí mismo como un culto, insistiendo en que es una religión verdadera. Estas son la tercera y cuarta advertencias de advertencia; la peculiaridad en relación a la salvación; y la comprensión única de la realidad y de lo que es preciso. Una secta jamás animará a los seguidores a conocer algo por sí mismos, entre otras cosas, a indagar dentro suyo para conseguir respuestas por medio de la meditación y la oración. El culto siempre insistirá en que los seguidores sólo crean en el dogma sugerido, de la misma forma que lo prescriben sus libros o charlas, y advertirán contra cualquier clase de indagación abierta. Una exploración de cabeza abierta sería contraproducente para las técnicas de lavado de cerebro utilizadas para adoctrinar a los seguidores con sistemas de creencias. Sería arriesgado para la autoridad del culto animar a los seguidores a llegar a sus propias conclusiones en lugar de ceder a la retórica de los dirigentes. Este desaliento de suponer por uno mismo se consigue por lo general inculcando una enorme responsabilidad en los integrantes del culto convenciéndolos de que algún cuestionamiento del conocimiento divino del jefe, o del libro sagrado del culto, entre otras cosas, sería blasfemia; que su Dios es tan enorme que la raza humana jamás debe intentar conjeturar la autoridad de Dios. La quinta señal de observación es prohibir a los seguidores suponer por sí mismos. Para lograr financiar el culto, los seguidores son llevados a creer que a menos que den ampliamente y recauden fondos para el culto, aunque esto signifique recaudar fondos deshonradamente, son pecadores que sólo se cuidan a sí mismos y no por el bien de la organización. El jefe comúnmente transporta un estilo de vida opulento, desechando algún queja sobre esto como un malentendido sobre los mensajeros de Dios y cómo las bendiciones de Dios no tienen que ser negadas, en tanto que del otro lado de la boca viene el edicto de ofrecer todo a la iglesia y mantenerse en la pobreza, o para ganar tanta riqueza como se pueda. . . y dáselo todo a la iglesia! La sexta señal de observación es una organización que está más interesada en el dinero por sí misma que en la generosidad y compasión por los menos afortunados. Para que una secta logre extenderse, las tácticas para reclutar nuevos integrantes van a ser contundentes. En lugar de sencillamente responder cuestiones cuando se les pregunta sobre sus creencias, buscarán y proselitizarán ferozmente cada ocasión que tengan, vistiendo sus creencias en sus mangas y realizando de su fe el tema de conversación en todo instante y en toda clase de alegato. La séptima señal de observación es la línea dura que proselitiza y evangeliza antagónicamente y beligerantemente beligerante. En conclusión, los signos psicológicos a buscar en un culto son la cercanía, la crueldad y la crueldad contra el hombre.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *