Religión y Política – El Espectro Hueco de Sophia

La religión es política, y la política es una religión. Tienen la posibilidad de diferir a algunos, pero precisamente son camaradas de cama, dado que están tan íntimamente entrelazados que se puede decir que son “uno”. La religión es muy política. Sólo pregúntele a alguno en una orden religiosa si la multitud en ella está llevando a la práctica política. Al inicio tienen la posibilidad de negarlo, dado que a la mayor parte de los grupos de personas en sitios de culto les agradaría reflexionar que están por arriba de la política, pero la persona honesta va a estar en concordancia, la religión está hasta el cuello en la niebla de maniobras reglas y guerras de micromentes. Dondequiera que esté la multitud, va a existir política, y cuando ámbas se mezclen tan intensamenta que se conviertan en guerras superiores indistinguibles son el fruto ineludible de esa unión. Tomemos una de las figuras religiosas más famosas: el hombre al que llamamos Jesucristo. Poseía 12 discípulos, a los que era su maestro, o maestro de su filosofía o inteligencia — porque’ philo’ y’ sophia’ son las expresiones griegas para el’ amor a la sabiduría’. Cuando leemos en los evangelios cómo sus discípulos actuaron hacia él e interactuaron entre sí, observamos que se volvieron políticos muy de manera rápida. Ellos jugaban por posición y poder tanto en el aquí como en este momento, y para el más allá, intentando encontrar resultar los más importantes en el reino de los cielos, y la inteligencia pura que su maestro les había enseñado lentamente se corrompió — por el momento no desde arriba, sino natural y terrenal — y como dijo un apóstol — demoníaco. Su grupo además descubrió contención con otras organizaciones religiosas-políticas así como los redactes, fariseos y saduceos – cada uno una facción dentro de un partido, y teniendo sus propios sistemas de creencias e interpretación de las escrituras, comunmente opinando entre sí. No cambió bastante en bastante más de 2000 años. Él y sus discípulos muy de manera rápida se percataron de que estaban en conflicto con los grupos políticos más poderosos de su tiempo: los poderes de control del judaísmo y los poderes de control del romanismo. Roma suponía en el poder del César y del Imperio De roma, y el judaísmo en el poder de Jehová e Israel. Y, según cuenta la historia, porque se opuso a los dos, lo mataron por esa oposición. Si somos verdaderos sobre la narrativa, observamos precisamente que esos a los que se opuso más virulentamente instigaron la misma conspiración para que se deshiciera de él — su familiar, y la misma “verdad” de la que él atestiguó — el Reino de los Cielos, además fue sacrificado ese día. Durante los siglos, la religión y la política han provocado incontables conflictos, tanto enormes como chicos. Las reacciones cáusticas de esos que se adhieren a las filosofías opuestas pusieron al planeta patas arriba en todas las culturas y credos. Algunos argumentarían que esto fué un mal primordial y que con el tiempo nos trajo a la cultura global que en este momento conocemos, pero uno debe preguntarse a sí mismo,’ ¿A qué precio? la sangre se ha derramado lo bastante como para inundar una cuenca oceánica en nombre de la religión y la política, y se ve que la espita no se cerrará más adelante cercano, porque las guerras por la religión y la política siguen hasta este preciso día. El hermano aniquila al hermano por filosofías, y este “amor a la inteligencia” se transforma de manera rápida en el “amor al odio”. Los dirigentes de los partidos políticos son asesinados, por su nombre y valoración, y también corporalmente, como en los homicidos políticos de los años 60 — perdiendo tres grandes: JFK, RFK y MLK. Sólo el fervor espiritual de la política podía provocar determinada cosa. El poder no posee conciencia y crucificaría algún oposición para mantenerse sentado. Cuanto más cambian las cosas, más se mantienen iguales. La cultura no es tan civilizada cuando la observamos bajo esta luz. Lo primero que hay que sacrificar por el bien de los poderes de control es el fundamento mismo de la realidad, el “amor a la inteligencia”. Los proverbios hablan de la inteligencia como la “cosa primordial” — el elemento de mayor relevencia, el objeto precioso que debe estar en lo verdaderamente prominente de nuestras mentes, y buscado con todo nuestro corazón. Sin inteligencia somos como las bestias brutas que se alimentan unas de otras, en nuestro sendero hacia la tumba eterna por medio del polvo de la Tierra — con inteligencia w

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