Por qué amo la luz de Janucá

Janucá no es un tema que está en la Toráh, los primeros cinco libros de la Biblia, o en algún otro lugar de la Biblia. La festividad de Janucá conmemora la victoria militar de una chiquita banda de rebeldes contra un enorme batallón de seleucidos, con origen en Siria, que formaban parte del imperio griego. Y además lucharon contra los helenizadores judíos, esos judíos que deseaban dejar su religión y adoptar los caminos griegos porque la filosofía y la ciencia griegas eran muy interesantes para ellos. Janucá se festeja además como una victoria espiritual, no sólo física, donde los judíos brindaron sus vidas por el derecho a vivir como judíos siguiendo las prácticas de sus padres. Esta guerra sucedió en un instante arriesgado de la historia, cuando el segundo Templo en Jerusalén y el judaísmo mismo se vio amenazado de devastación en el año 166 a. C. (antes de la Era Común) además popular como 166 a. C. Los datos de la victoria política, aunque milagrosos por naturaleza, dado que los rebeldes judíos fueron superados en número por sus contrincantes, están eclipsados por un acontecimiento sobrehumano que sucedió dentro del Templo a lo largo de el asedio, un acontecimiento que inspira a los judíos de todo el planeta hasta este preciso día. Para comprender el acontecimiento sobrehumano se necesita algo de comprensión histórica sobre el Templo Sagrado en esos tiempos antiguos, porque en lugar de velas, se colocaban mechas destacables en recipientes de aceite de oliva que proporcionaban el combustible para que una llama ardiera. Para objetivos ceremoniales, el aceite de oliva muy puro tuvo que ser consagrado o bendecido para su uso en el Templo Santo. No se dejaba ningún otro aceite en el templo menorah, el popular candelero de siete ramas hecho de oro macizo. Por eso las llamas del Templo Menorah no podían arder sin el aceite consagrado. A lo largo de el asedio en 166 a. C. los rebeldes se han quedado sin aceite consagrado para la menorá en un instante muy sustancial. Estaban rededicando el Templo Santo luego de años de de parte de sus contrincantes. Pero, justo cuando aparentaba que la proporción de petróleo que sobra duraría sólo un día más, sucedió un milagro. La misma chiquita proporción de aceite consagrado quemado a lo largo de ocho días seguidos a lo largo de el lapso de la rededicación del Templo. Esto permitió que se dispusiera de tiempo para procesar más aceite. No sólo los rebeldes estaban asombrados y agradecidos por este hecho increíble, sino que durante los siglos los judíos han celebrado Janucá para acordarse el milagro a lo largo de la rededicación del Templo Santo y los milagros en sus propias vidas. Biografía de la autora: Escribir, bloguear, coser y hacer en su estudio de bosque lleno de bienes vintage/retro/chic, Mia Sherwood Landau trabaja para sus usuarios satisfechos y usuarios contentos publicando un trabajo reflexivo en la web y produciendo bellísimas artesanías en el planeta. Únete a Mia en sus estudios de Kabbalah en la web nehoraschool.com

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