Hoy reflexionamos sobre la gracia

Antes de comenzar un tratamiento de liberación, debemos tener la certeza de que la obra es del Señor, y por lo tanto cerciorarnos de que el paciente inicie o se encuentre en camino de Iglesia. Esto supone un camino de conversión, de misa diaria y reconciliaciones frecuentes, debido a que irán apareciendo innumerables ofensas a Dios, e innumerables causas que favorecieron la entrada de Satanás en ese cristiano.

Les resulta sumamente complicado iniciar, y más aún, perseverar en el «camino de Jesús». Cada eucaristía, cada meditación de la Palabra el infectado la vive «como si le echaran nafta al fuego»; les arde el cuerpo, y en oportunidades, además de las blasfemias e insultos a Jesús eucaristía, Satanás suele moverles el cuerpo tratando de evitar la comunión. La prueba de ese cristiano es sumamente grande.

No existe la «oración mágica», como tampoco el «liberador o sanador grandioso». El único que libera y sana es Jesús. Me estoy refiriendo a orar como laicos o como sacerdotes pidiendo al Señor la liberación del oprimido. Cualquier hijo de Dios puede orar por el hermano enfermo del cuerpo o del alma.

Orar por liberación supone una serie de requisitos:

A-Si el paciente no está en gracia, ni se le ocurra orar por el paciente; le puede ocurrir lo que cita la Palabra .
B-Si está en gracia y UD está autorizado por su director espiritual a orar por él, hágalo; de lo contrario ore por él pero no con él.
C-Si UD es laico y tiene encomendado por el Señor el Ministerio de Liberación y confirmado por su director espiritual, ore por un oprimido sin temor. Si UD es sacerdote y no tiene miedo ore por el oprimido, de lo contrario no lo haga delante de él y fortalézcase en la fe. Hace falta coraje y predisposición para con el pobre poseído; el resto lo hace Dios.
D-Si UD es sacerdote, tiene el poder que le da Jesús para expulsar los demonios en su nombre, simplemente los expulsa en nombre de Jesús.
E-Si UD es laico no sea un imprudente, únicamente ore; insisto, salvo que el Señor le haya encomendado ese Ministerio, lo conveniente es que si ora y existe alguna manifestación demoníaca… siga orando.
F-Cuando el sacerdote reprende diciendo: «Yo, en el nombre de Jesús te ordeno…», el Yo del sacerdote es el YO Iglesia; si UD es laico jamás anteponga su Yo a Jesús.
G-Al anteponer el Yo humano a Jesús, abro mi propio inconsciente parapsicológico ; la consecuencia puede ser desgraciada: incorporar aquellos demonios que «yo» libero. Pues en este caso, soy yo el que pretendo liberar; me antepongo a Jesús que es quien en realidad libera.

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