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Orwell en Bañobre
(Massimiliano Abad).-Los pestilentes aires de despotismo light provenientes de las refinerías de la izquierda nacionalista gallega han sido el catalizador para que un nutrido grupo de liberales gallegos se reúna por por segunda vez en Bañobre, para buscar respuestas, elaborar estrategias y debatir problemáticas ante la amenaza ideológica de nuestro tiempo.

El variopinto programa de conferencias de las II Jornadas Liberales Galaicas ocultaba un hilo conductor que uniría la primera con la última charla: la crítica de lo que unos de los conferenciantes llamó "la pulsión totalitaria disfrazada de opinión pública", la orwelliana semiosis de lo políticamente correcto que ha aniquiliado la batalla de las ideas reemplazándola por la pornopolítica y la telebasura.

EL DIAGNÓSTICO

Pedro Arias Veira partió de la crisis financiera global para dar con el diágnóstico de la agonía democrática liberal. El catedrático ha disparado sobre esa "venganza pendiente" que dado rienda suelta la crisis. "Los gobiernos nacionales han encontrado una coartada perfecta para exportar las causas de las crisis. "Nos viene de fuera", dicen. En USA pueden atribuirla a quien ya se tiene que ir, a Bush -que tiene su alícuota de responsabilidad- que termina mandato y no es ya un poderoso a batir- aunque sea capaz de ramalazos diplomáticos y simbólicos desagradables.  Los demás echarán la culpa, por derivación interesada, al odiado personaje y la camada de cómplices que operaron en las alcantarillas financieras". De ahí su diagnóstico:

Es paradójico el panorama al que nos enfrentamos. El intervencionismo en su grado consumado, el comunismo, fracasó estrepitosamente; en tanto que el liberalismo teórico y el mercado libre salió como el pensamiento triunfante al final del siglo XX. Si bien su actuación práctica ha resultado desvirtuada, limitada y desnaturalizada. Las prácticas reales en las democracias liberales, el espacio concreto de las libertades útiles y eficaces, se han restringido a los actores con peso político, poder económico, prestigio social y resortes de influencia.  En un contexto de dispersión de la sociedad civil, de rupturas de la cohesión ocial y territorial, de quiebras de los modelos afectivos, familiares y de la intimidad, de crisis subyacente de valores.

EL CENTRO Y LA IMPOSTURA

El diagnóstico estaba claro. El tumor estaba ahí, pero había dudas sobre cómo extiparlo. El abogado Francisco Fernández Tarrío puso en entredicho que se pueda hacer desde las ambiguedades de la derecha centrista. Para Tarrío, el gran engaño, la gran mascarada de la derecha centrista y centrífuga es disfrazar de patriotismo una concepción claramente antiespañola. Porque su tesis es que "España se hace, cada día, con cada ley que deshace privilegios, que proscribe los derechos de territorios y lenguas sobre las personas, con cada gramo de libertad que se devuelva a sus ciudadanos, únicos depositarios de derechos y obligaciones".



"La política española suele usar al centro como estrategia. Yo propongo robarles la bandera del centro a esos impostores. Porque el liberalismo es el auténtico centro al ser una ideolgía dinámica. Ser liberal es ser de centro. Porque la libertad es el centro de la vida política"

Pero la derecha española gira (o mejor dicho, vaga, mariposea) al centro. ¿Y qué es el centro, se pregunta Tarrío? Muy fácil: "el centro es la indefinición constante, la renuncia a la ideología, la bandera de la cobardía y de la rendición". Tarrío propone un centro más auténtico que se anime a derrotar ideológicamente a la trasnochada izquierda española. "La mejor definición de centro no es la creación de un monstruo burocrático que sustituya a un partido ideologizado como tampoco lo es fomentar clones funcionarios de la política, paniagüados. Existe otra alternativa. La de la valentía".

UN LIBERALISMO SIN RESENTIMIENTO

Un discurso de derechas afirmativo, valiente, positivo, construido desde la alegría y el goce, un liberalismo no intoxicado de resentimiento y reproches. El periodista Luis Balcarce, desde Nietzche y Tocqueville, postuló una nueva derecha que sea afirmadora -y no negadora- de valores morales. Que se resista a aceptar los valores que sustentan el proyecto ético de la izquierda fundado en el debilitamiento como forma de adiestramiento y domesticación. Por el contrario, se trata de sumarse a la empresa de erigir una derecha que se sustenta en la nobleza aristocrática, que se niega a doblegarse ante el reparto de miseria de los mandarines del resentimiento. Una regeneración moral que conduzca hacia otra regeneración, la institucional, que demandaba en la primera charla Pedro Arias.

La libertad era para Tocqueville esencialmente el libre albedrío, la libertad de elección, su poder moral sobre su propio destino, su deber y su derecho a hacerse responsable de sí misma, no dejando a ninguna otra persona y ni mucho menos al Estado este cuidado sagrado. Poder, virtud y esfuerzo, palabras que aparecen en su obra, y también en la de Nietzsche. Los dos vislumbraron que el hombre moderno sentía una pasión ardiente, insaciable por la igualdad, y si no pueden obtenerla, como anota Tocqueville, la quieren también en esclavitud. "Sufrirán la pobreza, la servidumbre, la barbarie pero no sufrirán la aristocracia". Se librarán del poder ilimitado de uno sólo pero la democracia populista los oprimirá a través de la tiranía de mayoría, la igualdad.



Balcarce hizo en Miño un llamamiento a una derecha que no caiga en la trampa de la ambición igualitaria por ser ésta, para decirlo en términos nitzcheanos, "nihilista y represiva", pues intenta frenar lo que asciende, la creación, el goce y la vida para reducirlo a la mortecina mediocridad del Estado en el cual se perpetuan las diferencias economicas. Contra el mediocre ciudadano parido por la pornopolítica, que el Estado produce y mima en serie, Nietzsche podría ser una llave para que el liberalismo  se abra al azar, al riesgo, para alcanzar la máxima altura de cada momento.

DESMONTANDO A LOS GALLEGUISTAS.. Y A LAS TICS

La espiral de locura identitaria que azota a Galicia se eleva a su máxima expresión en la imposición lingüística. Y uno de los tópicos más usados (y menos analizados) del galleguismo es que el gallego es nuestra lengua. Tópico que desde diversos frentes el profesor Andrés Freire dinamitó en una conferencia que atravesó la historia lingüística de Galicia desmontando al Leviathan de la Normalización. Porque lo que vino a recordarnos Freire es que el castellano está presente en Galicia desde antes de los Reyes Católicos y que ha sido la lengua culta de los gallegos durante muchos siglos.

"Aceptemos, por tanto, sólo como premisa, la idea del gallego como “a nosa lengua”. Aún bajo esta luz, el idioma gallego normativo, lejos de ser la lengua del pueblo, es una lengua ajena a él. Algo por otra parte bien sabido por quienes escuchan a los gallego-hablantes de toda la vida criticando un idioma en el que no se reconocen. El gallego normativo, por consiguiente, es producto no del pueblo sino de una minoría. Una minoría politizada".

Si al comienzo hablábamos de un escenario orwelliano, nadie mejor que el experto en informática Fran Tsao advertir sobre los usos y abusos de Internet y los peligros de dejar demasiadas huellas. Tsao versó sobre “Las TICS y el control ciudadano: aspectos legales y practicos”, logrando, con un lenguaje llano y accesible, que es casi imposible ser invisible en Internet aunque vale la pena intentarlo, al menos, por salvaguardar lo que nos queda de libertad.

En suma, las fraternidades liberales tejidas en Miño van echando raíces. Este año, aparte de "los de siempre", se pudo contar con la presencia de Francisco Caja, Juan Granados, y sobre el final, nada menos que Fernando García de Cortázar. Todo organizado con precisión suiza por el "compañero del metal" Vicente Fernández Perles. El año que viene volveremos.

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