El poder superlativo y renovador de la oración

La oración es lo que mueve al cristianismo en todo su poder y esplendor. La oración es lo que nos permite levantarnos todos los días e intentar ser mejores personas, personas que están muy cercanas a Dios y que comprenden su fuerza, su grandeza y su plenitud. Pedirle algo Dios nunca deberá corresponder a una intención de obtener algo material, sino a la necesidad de siempre intentar hacer mejor pero no de manera egoísta sino en colaboración con lo que es la comunidad. El deberse al otro es el deber del cristiano. Por eso que le pedimos a Dios  que nos ayude para encontrar ese silencio abrumador que nos lleva a la paz y que nos brinde acceso al mapa que nos llevará hacia la calma, la justicia y los buenos vientos.

No hay otra manera de llegar a ese mundo que puede ser mejor que de la mano  de nuestro señor todopoderoso, a él nos debemos y a él  le vamos a solicitar ayuda para que todos juntos podamos ser mejores personas por medio del oración. El poder superlativo del oración es lo que nos constituye a todos como verdaderos cristianos. El respeto y la devoción a Dios es lo que nos hace ser mejores personas, humildes y guerreros de Dios. Una oración siempre deberá ser hecha con el máximo de los respetos, de lo contrario estaremos faltando a nuestro propio ser y eso no hará más que jugarnos en contra y dejar en evidencia frente al que puede resolver todos nuestros problemas si logramos correctamente.

Por eso le pedimos a nuestro señor que nos ayude, que nos libere el camino del todos aquellos problemas que nos aquejan y que por medio del oración podamos llegar a él y evitar y enfrentar problemáticas diarias de la vida, las que influyen en los familia y amigos y también a nosotros mismos. Hagamos del oración una rutina diaria levantarnos y al acostarnos, pero también durante el día en cada caso en el que queramos hablar con nuestro señor y contarle nuestros problemas, pero también agradecerle y saludarlo por estar siempre con nosotros.

Puedes ver la oración aquí.

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