Cómo encontré la fe

Me crié en un lugar de vida judío kosher. Nuestra vida familiar giraba en torno al judaísmo. Mi abuelo era un cantor ortodoxo. Fui a la Escuela Hebrea tres ocasiones por semana a lo largo de seis años y me transformé en Bat Mitzvah. Inclusive nuestro reloj de cocina poseía letras hebreas en lugar de números. Aunque las tradiciones de mi religión están intensamente arraigadas en mí y son zonas de consuelo, he tenido que preguntarme por qué el judaísmo jamás me llenó espiritualmente o me dio una fuente de fortaleza donde creer. Los judíos no hablan de Dios como la multitud de otras religiones. Dios es tan venerado en el judaísmo que se le llama Hashem, y su nombre está escrito en hebreo o se redacta G-D. Pasé varios años en el sábado y en los servicios festivos, jamás entendí lo que mis oraciones significaban porque se decían en un idioma que no entendía. Me llevaron a creer que esas oraciones eran lo exclusivo que Dios escuchó. Mis padres hicieron lo mismo toda su historia y jamás cuestionaron nada. Eso es algo que no entiendo. Siempre fuí el tipo de persona que necesitaba comprender lo que se encontraba realizando antes de llevarlo a cabo. Jamás he hecho nada “Sólo porque” – y “Porque se piensa que” era comunmente la respuesta a mis cuestiones. Esa jamás fue una respuesta bastante buena para mí. Por eso el judaísmo se transformó en algo aparentemente ilógicas contra las que me rebelé durante mi vida. Cuando llegué a ser analítico y lo bastante viejo para suponer por mí mismo tomé la decisión que Dios no estaba. Fue además en ese instante de mi vida cuando tomé la decisión tirar por la ventana todo lo que había popular y comencé a continuar mi propio sendero. Mis padres me hallaron con una resistencia estoica. Me dijeron que “una aceptable judía no hace esas cosas”, sospecho que a mi forma buscaba sentido, aunque no era consciente de esa búsqueda espiritual hasta que el mal en mi vida era bastante grande para mí. La adversidad nos transporta a la fe o nos rompe. No hay mediadores. Por eso intenté de hallar una fuente de fuerza fuera de mi ser para ayudarme. Me quedé totalmente en blanco, aunque pasaba por los movimientos de oración aguardando que alguien me escuchara. Pero eso no me dio bastante consuelo. Leí libros espirituales, de la novedosa era y de autoayuda intentando encontrar respuestas y me percaté de que verdaderamente podía ver más allá de mí mismo para hallar respuestas. Por eso aprendí a creer en algo, pero no lo llamaría Dios; luego de años de haberme dicho que no se me dejaba decir la palabra, cuando lo necesitaba, verdaderamente no podía llevarlo a cabo. Cuanto más viejo me ponía y más vida poseía bajo mi cinturón, más podía ver hacia atrás y ver todas las ocasiones que el “Poder Superior” había estado ahí para mí, había escuchado mis oraciones. Al final tuve fe y comencé a llamar a mi Poder Superior, Dios. Entonces luché con cómo rezarle. Me pareció que todos los otros oraban a Dios con expresiones atentamente formuladas. Por más que lo intente, no podría rezar juntos. Por eso la conexión era de un solo sentido. Sabía que Dios se encontraba ahí para mí, pero no podía comentar con él. Un día llegué a darme cuenta de que podía hablarle a Dios del mismo modo que le hablaba a un amigo cercano. No importaba cómo lo dijera, siempre me escuchaba. Hablé con Dios mientras se sentaba en el taburete del pasajero de mi auto mientras conducía. Hablé con él mientras se sentaba en el taburete de la cocina mientras yo preparaba una comida. Yo bromeaba con él y le pedí favores triviales (como un óptimo lugar para aparcar). Sentí sus brazos cerca de mí cuando me sentía agitado y le permití ser mi fuerza. Cuando mis ojos al final estaban libres descubrí la cosa más asombrosa: siempre me escuchaba y siempre me respondía… y siempre lo había hecho. Aprendí a estar complacido y a agradecerle todo el día por las cosas enormes y pequeñas. Cuanto más le agradecía y le decía cuánto lo amaba, más milagros hacía en mi vida. Era tan fácil que no podía creerlo. Dios siempre estuvo a mi lado! Mi fe hoy es inexorable. Todo el tiempo me siento conectada a Dios de una forma espiritual, aunque no religiosa. No siento que tenga que pasar por

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