Editoriales
20-07-2008 ¿Más viviendas de protección oficial? No, gracias. Por Poder Limitado
El batacazo de Martinsa-Fadesa ha vuelto a dejar al descubierto la falta de coherencia interna que anida dentro del bipartito PSOE-BNG. Ante la más que anunciada crisis del ladrillo español, la Xunta ha salido al ruedo con dos discursos nítidamente contradictorios.
Por un lado, Pérez Touriño afirmando que la administración pública no saldrá al rescate los promotores: "No habrá financiación o fondos públicos para suplir o asumir los riesgos derivados de esta situación, ni en este ni en otro caso". Por el otro, el titular de la Consellería de Economía, José Ramón Fernández Antonio, se despacha anunciando justamente lo opuesto: la Xunta estudia hacer pisos VPO con terrenos de Martinsa apostando por "impulsar los pisos protegidos" para compensar el parón de la obra privada. "Es una opción que se estudiará con toda atención. Si una empresa -en alusión a Martinsa-Fadesa- tiene unos activos de suelo para usos residenciales que responden a las necesidades de promoción de precio tasado".
A esta altura de la legislatura autonómica, la ausencia de criterio del gobierno bipartito a la hora de implementar políticas públicas ya es una práctica bien asentada. Decir una cosa y defender su contraria es moneda corriente en San Caetano. En relación a las palabras de Touriño, pocos toman en serio al presidente autonómico en cuestiones económicas. Hace casi un año, mientras los trabajadores de Fadesa alertaban sobre el incierto futuro de la compañía, Touriño les prometió que "no habría traslados forzosos ni expedientes de regulación de empleo y, que por supuesto, la sede permanecerá en La Coruña". A la luz de los hechos, su credibilidad ha quedado por los suelos.
En lo que concierne a la propuesta de Fernández Antonio, hay motivos para pensar que el
conselleiro buscó el aplauso adulador de la patronal en mitad de un anodino acto en el que compartió mesa con Antonio Fontenla. Sin embargo, aunque sólo haya sido un brindis al sol, es un anuncio irresponsable cargado de demagogia.

En primer lugar, no se entiende que ahora la Xunta vaya a salir a inundar el mercado de viviendas protegidas -sosteniendo artificialmente la inversión con dinero de los contribuyentes- al mismo tiempo que el Consello aprueba el proyecto de Ley de Vivienda, que, entre otra cosas, intenta "movilizar el alquiler del importante parque de vivienda vacía que hay en Galicia". ¿Para qué construir más viviendas si hay miles de pisos vacíos sin alquilar y otros miles cuyos precios de venta se están desplomando?
En segundo lugar, las
conselleiras de Política Territorial y de Vivienda impulsaron en abril del 2007 una reforma de la Ley de Suelo que forzaba a los promotores a construir al mismo tiempo los pisos de venta libre y los subvencionados. Para frenar la disparada del precio de la vivienda, al bipartito no se le ocurrió mejor idea que obligar por ley a los "especuladores del ladrillo" a que el 40% de todas las viviendas que se construyan en Galicia en los próximos años sean protegidas.
¿Lograron bajar los precios? En absoluto. Arrinconando a los promotores con coacciones legales sólo lograron meter más miedo e incertidumbre en un sector que iba camino al desguace. Un año después se produjo el pinchazo de la burbuja inmobiliaria y el cambio de ciclo económico puso a cada cual en su sitio a un coste social altísimo. La matonería legal de los políticos demostró una vez más ser contraproducente a la hora de resolver supuestos "fallos del mercado".
Ahora queda bonito y da votos decir que se les echará un cable a los promotores comprando suelo a las inmobiliarias para mitigar rotundos fracasos empresariales. Asombra el cinismo con el cual intentan rentabilizar políticamente la crisis de un sector al que demonizaron y persiguieron con leyes opresivas. Y es de vergüenza ajena la forma en que la patronal aplaude este rescate ficticio, teñido de populismo, y solventado en gran parte con dinero de muchos jóvenes que hoy se están preguntando qué fue de los pisos que les prometieron o que claudicaron frente a la hipoteca.
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