Acción de Gracias: Todos solos en casa

Por favor siéntase libre de utilizar este artículo mientras que se dé crédito a la caja de elementos. Arthur Levine 2007 Keywords 907: Acción de Gracias, Dios, Situación, Profeta, Solo en el Lugar de vida, Sándwich de Pavo, Bendiciones de Dios, Dando Gracias Usted bien podría preguntar qué tiene de particular tener un sándwich de pavo en el Día de Acción de Gracias, pero es de quién vino y cómo fue hecho que es particular. De hecho, fue el más destacable sándwich de pavo que yo, Johnny Oops el profeta, y un personaje ficcional en una novela del mismo nombre, jamás había tenido, si puedes creerlo. Vas a ver, se encontraba sola en el hogar y me sentía triste y sola. Me resigné a pasar el Día de Acción de Gracias solo en Rancho Santa Fe, California. Sarhara, mi mujer, se encontraba visitando a su padre, el rabino cabalista Frenbren, en Francia para presentarle a nuestros gemelos profetas – Darling y Delicious. Sí, terminamos de tener niñas; ¿me olvidé de decírtelo? Pasó tan ágil. De todos métodos, me sentía solo. No me agrada sentirme sola en las vacaciones, ¿y a ti? La realidad es que me sentía perdido arrastrándome por esta colosal casa mía yo solo. Había dado el plantel libre para las vacaciones, y el silencio era ensordecedor. Entonces oí el timbre. Corrí a la puerta de mi casa con el corazón latiendo ágil, aguardando que Sarhara volviera de Francia con mis hijos para sorprenderme por las vacaciones, pero sabía en la parte de atrás de mi cabeza que eso no iba a ocurrir. Abrí la puerta y ahí se encontraba Jonathan mi chofer, asistente administrativo y todo buen chico. Le pregunté por qué se encontraba aquí en la mitad de su fiesta festiva. Él dijo:”Bueno, señor, usted sabe que no vivo muy lejos, y las señoritas reflexionaron que como teníamos más pavo del que tendríamos la posibilidad de comer, le agradaría un sándwich de pavo, dado que usted se encontraba solo en el hogar” Le dije a Jonathan que era muy considerado con él y su mujer, y le pregunté si pretendía venir a tomar una bebida de ponche de huevo o algo de esta forma. Me dio las gracias, pero mencionó que pretendía volver con su familia. Le entendí y le deseé lo destacado y le agradecí otra vez por el sándwich. Unas horas luego sentí hambre y bajé a la cocina para abrir la canasta con el sándwich de pavo. Dentro de una servilleta roja y blanca a cuadros que cubría la canasta había una nota de su mujer agradeciéndome por toda la amabilidad que le había exhibido a su marido el último año. Verdaderamente no sé de qué se encontraba comentando ella; sólo trato de adherirme a la admonición de Dios de proteger a otra gente. Sospecho que debo haber hecho algo bien para cambiar. Después desenvolví lo que había en la canasta. Tenía dentro un sándwich grande hecho con pan casero de centeno oscuro, cortado en enormes rebanadas diagonales, y relleno con gigantes trozos de pavo de carne blanca con la crujiente piel externa aún pegada. Se encontraba bañado con el aliño ruso más exquisito, mezclado con pepinillos finamente picados. Olía realmente bien. En el lado de Jonathan, la mujer de Jonathan había añadido recipientes plásticos de salsa Cranberry, el más exquisito relleno de salchichas, batatas confitadas con malvaviscos y una colosal rodaja de pastel de manzana hecho en el hogar atentamente envuelto en papel de aluminio. Lo devoré todo sin preocuparme por calentar nada. Claramente, no soy realmente bueno en la cocina. No existe duda en mi cabeza que este fue el más destacable sándwich de pavo de Acción de Gracias que he comido en mi vida. Ojalá Sarhara estuviera aquí para compartirlo conmigo. Justo cuando se encontraba finalizando, Sarhara llamó de Francia. Le preocupaba que yo estuviera sola y sola en el hogar. Le dije que por el momento no le dije nada porque Jonathan acababa de traerme un sándwich particular de pavo con todos los adornos, y su llamado fue el obsequio navideño más particular de todos. Aproveché el espíritu navideño para mencionarle de nuevo lo bastante que la amo a ella y a nuestras bellísimas gemelas. Me mencionó que sentía lo mismo y me prometió que jamás más volvería a estar lejos de mí en los días festivos. Algunas veces son las pequeñas cosas las que marcan la distingue. Algunas veces es la amabilidad y el precaución de otra gente lo que verdaderamente toca nuestros corazones. Algunas veces un fácil gesto puede tranquilizarnos en los días festivos que nuestros conocidos cercanos nos cuidan,

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