Por Alfonso de la Vega
El catedrático de Literatura de la Universidad Complutense, polifacético y crítico taurino de ABC, don Andrés Amorós, ha ofrecido una brillante y amena disertación para celebrar el pregón de la Feria Taurina de La Coruña 2011.
Presentado con acierto y erudición por Carlos F. Barallobre pero con la ausencia del acomplejado y bisoño equipo municipal del PP DE Galicia, el maestro Amorós comenzó su culta, amena, variada faena con la glosa de las raíces taurinas de La Coruña y con la defensa de la libertad de ir a los toros si así se desea.
Explicó que hay dos personajes muy ligados a la tradición taurina coruñesa, Luis Miguel Dominguín que quiso tomar aquí su alternativa válida y don Camilo el del Premio, que una vez se definiría como “periodista, poeta y torero”. Y que, partidario de no perder la cara ni al toro ni al miedo, una vez probó fortuna como torerillo en las sierras abulenses, según cuenta su hijo Camilo Cela Conde.
Sin embargo, la fiesta española siempre ha sido objeto de debate. Partidarios unos, detractores quizás por desconocedores, otros, la fiesta no marca en el sentido de ideas políticas, nivel social o económico. A algunos españoles les gusta y a otros no. Como, por ejemplo, la música de Wagner.
Así, la prohibición de los toros en Cataluña por los partidos separatistas que con acierto identifican a la fiesta con España, como uno de lo signos de identidad de España y, en consecuencia la combaten. Aunque mantienen otras fiestas como los “correbous” de recio primitivismo y salvajismo en el que se recrean muchos catalanes de los pueblos.
La acusación de crueldad con los animales, que han de ser respetados, pero que como tales carecen de derechos y obligaciones. Sin embargo, sin corridas no habría toros bravos que son una creación cultural y refinadísima. Ni muchas de las dehesas del oeste o sudoeste peninsular de extraordinaria importancia ecológica para la conservación de los ecosistemas,
El maestro Amorós considera el torea como un Arte pues el torero intenta crear belleza para deleite nuestro. Un arte de gran dificultad pues ha de resolverse el problema estético que plantea el toro con intuición artística, sobre la marcha, en diez minutos.
Se trata de un arte vivo e irrepetible. Con otra peculiaridad todavía mayor la propia materia en la que se basa: el toro bravo, que es ferocísimo y cambiante.
El toro es cultura, no natura. Es una creación humana. Las plazas de toros cuya arquitectura, incluso su forma circular para evitar que los mansos se aculen en las esquinas de las tablas, refleja una gran adecuación entre continente y contenido. Su disposición para la liturgia taurina que es un fruto de a Ilustración.
La tauromaquia tan ligada a la historia de España es una codificación racional de la primitiva lucha para convertirla en lidia ordenada.
El maestro se dedicó luego a glosar la importancia del lenguaje taurino para la cosmovisión de los españoles conformada por éste.
Está lleno de metáforas, de modo que lo usa todo el mundo, incluso los no taurinos, y constituye una enriquecedora metáfora de la vida.
El toreo ha sido objeto de otras grandes manifestaciones artísticas especialmente para la poesía, pues el poeta aunque no conozca la técnica intuye y aprecia lo que pasa.
En relación con el arte de los toros glosó a los hermanos Machado, Manuel y Antonio, cuyo seudónimo taurino era “Cabellera”. La poesía de Alberti o la figura poética introspectiva de Miguel Hernández en su visión del amor fou o loco como querencia.
Pero los toros tienen la dimensión trágica de la vida. Son un espectáculo trágico para hombres lúcidos que mantienen la serenidad para afrontar la muerte. Los toros nos enseñan el momento de la Verdad. Posibilitan un modelo de ser humano, de ser héroe, “como un río de leones” en referencia al llorado Ignacio Sánchez Mejías glosado por Federico García Lorca, quien moriría también otro agosto trágico dos años después.
El español tiene una rara fraternidad con el toro. Pues como decía Ramón Pérez de Ayala “si se mueren los Toros, se morirá España”.
Un brillante acto cultural el protagonizado por el maestro Amorós que adorna y embellece a la ciudad de La Coruña que se dispone a celebrar su Fiesta taurina 2011.



